El día malo. 2 Timoteo 3:10-11

Aunque muchos quieran negarlos y quieran evitarlos, Dios permitirá que muchas veces llegue “el día malo” y toda su Palabra busca enseñarnos y prepararnos para enfrentar esos días malos. La guía de Dios en su Palabra es porque sabe que solos no podremos pasar por los días malos, pero Dios promete estar a tu lado, ser tu fortaleza y perfeccionarnos a través de ellos.

El día malo, como enfrentarlo cuando te toque vivirlo.

Nos vacunamos para todo, para hacer frente a todo tipo de enfermedades; nos hacen tomar toneladas de leche para que nuestros huesos sean fuertes… pero si hablamos de fortalecernos, de inmunizarnos para el día malo, dicen que somos pesimistas, que nos falta fe y hasta los cristianos nos dicen que no hemos entendido lo que Jesús compró para nosotros… así que los días malos, nos hacen tambalear para todos lados.

Es muy lindo hablar de gozo, de promesas, de victoria sobre los demonios, de alabanza, de segunda venida, los milagros, los dones… de cosas lindas, pero ¡cuánto necesita la iglesia crecer éticamente y fortalecer su espíritu para que el día malo no voltee a nadie!

El día malo puede tener muchos nombres: problemas, crisis, sufrimiento, pérdidas, traiciones, enfermedades, fraudes, desempleo…

Jesús nos advirtió que viviríamos días así y nos advirtió para que estuviésemos preparados espiritual y emocionalmente para atravesarlos en victoria.

Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Juan 16:1

El mayor problema del cristiano ante el día malo es no haberle prestado atención a todas las enseñanzas que en la Biblia se nos dan sobre la existencia de ellos y cómo debemos enfrentarlos.

Pablo describe, en muchas ocasiones, para qué debemos prepararnos.

También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Timoteo 3:1

¿Qué consejos nos deja la Biblia para enfrentar esos días?

No somos lo suficientemente fuertes para enfrentar los peligros de la vida solos, por eso Jesús, en el ejemplo de oración, pronuncia una frase que solemos pasar por alto:

…mas líbranos del mal… Mateo 6:13b

Del mismo modo que deberíamos pedir el pan de cada día, deberíamos pedir que Dios nos libre del mal.

Tenemos el derecho de pedirle a Dios que nos libre de todas las circunstancias difíciles de nuestro día a día, si no fuera nuestro derecho, Jesús no lo habría hecho:

Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Lucas 22:42

Si Jesús mostró que teníamos derecho a pedirlo y aún nos enseñó a pedirlo, ¿por qué no le pedimos a diario que nos libre del mal?

La oración puede cambiar el curso de las circunstancias porque nuestra oración toca el corazón de Dios.

Pero habrá días en que su voluntad será no librarnos; para esos días nos han enseñado y he enseñado usar la armadura de Dios pero hay más.

¿Qué tuvieron los apóstoles que le permitió enfrentar los días malos? ¿Qué tuvo Pablo?

Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. 2 Timoteo 3:10-11

Doctrina. Un conocimiento real, cabal, de la verdad que Dios enseña. Un uso honesto y cabal de las palabras de Dios para enseñarlas y aplicarlas en la vida diaria. El verdadero conocimiento de lo que Dios quiere, lo que enseña, lo que espera, es indispensable para aguantar ante las adversidades de la vida. El conocimiento real de Dios nos permite refutar cualquier situación o persona o idea que intente hacernos caer de nuestra fe. El conocimiento real nos permite no ser sacudidos por vientos de doctrina ni convencidos por falsas doctrinas, falsas enseñanzas que siempre aparecen en los tiempos de dificultad como la solución más eficaz. El conocimiento real me convence que es parte de la voluntad de Dios que atraviese por esos días y esos días tendrán un final en el cual Dios será glorificado en mi vida.

Conducta. Un estilo de vida que apoya el conocimiento y la enseñanza. Delante de Dios y de los hombres. Aunque muchas veces, el estilo de vida que agrada a Dios te hará chocar con los hombres. Martín Lutero decía: “Predica de tal manera que si al final las personas no terminan odiando su pecado, terminen odiándote a ti”. Vive de tal manera que si las personas no terminan odiando el pecado en sus vidas, por tu ejemplo, terminen alejándose de ti y no desarrollen contigo relaciones estrechas de intimidad. Eso es un ejemplo de conducta.

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